Apoye, la asociación venezolana que ayuda a jóvenes con síndrome de Down en proyectos de vida

Cuando Apoye nació en el año 2000, en las gradas de un club de natación, sus fundadores no creían que más tarde se convertiría en una asociación civil que atendiera y preparara a 70 niños y jóvenes con síndrome de Down.

Raylí Luján/Venezuela Al Día

18 años después de que 6 madres se preocuparan por el futuro de sus hijos con síndrome de Down, que ya culminaban la adolescencia y se adentraban a la vida adulta, Apoye AC garantiza la integración y da el apoyo a estos jóvenes para que desarrollen un proyecto de vida.

“Queríamos hacer algo que fuese bueno para ellos. No había nada en el mercado que completara lo que nosotros considerábamos una buena formación para nuestros muchachos con síndrome de Down y discutiendo, conversando, haciendo lluvia de ideas, nació Apoye”, cuenta Marisela Ramírez Ferrer en exclusiva para Venezuela Al Día.

Ferrer es una de las representantes-fundadoras, que ahora relata con orgullo cómo empezaron en la iglesia de Chuao y luego de que el padre les alquiló uno de los salones, debieron buscar expandirse hacia otra sede debido al alto tráfico de solicitudes.

En la actualidad, las sede que opera en una quinta en la urbanización Chuao, trabaja con 7 niños con síndrome de Down entre 8 y 12 años y 63 adultos entre 15 y 28 años, que en su mayoría han logrado integrarse a la sociedad haciendo labores de oficina o trabajos en comercios.

Cuentan con 3 maestras especialistas y una auxiliar, una terapista ocupacional, una terapista de lenguaje, psicóloga, un profesor de baile y una profesora de teatro.

El arte, precisamente, es una herramienta poderosa a la que Apoye le da el espacio que merece. “El teatro nos da herramientas para la vida, no solo para desenvolverte en público, te da la oportunidad de conocerte a ti mismo, física, emocional y psicológicamente, te da herramientas para entrenar y comprender tu cuerpo. En Apoye, lo hacemos a través del juego.  Las personas con síndrome de Down tienen un suiche directo a la emoción y directo al juego y tener esa conexión, ese vinculo directo es una característica esencial para cualquier persona que quiera hacer actor o actriz”, comenta Juliana Cuervos, actriz y docente de Teatro en la asociación.

Revela que en su primer día de actividades en Apoye, se encontró con una sequía creativa. “No sabía qué hacer ni que contar y fui honesta con ellos y les pregunté que persona querían hacer. Ellos me fueron narrando cuál personaje querían hacer y de así surgió una de las obras más hermosas de mi historia teatral personal y una obra muy linda de Apoye que es “El árbol de la vida”, relata Cuervos.

A esta obra estrenada en 2011, se le hizo renovación de vestuario en 2013, y aún hoy en 2018 se encuentra entre el repertorio de sus integrantes. “Pudimos hacer un doble elenco por primera vez. Hicimos una generación de relevo, como al mejor estilo de la comedia del arte. Personajes que crearon unos, luego los generaron otros. Ellos son maestros para sus otros compañeros”, dice.

Para Juliana Cuervos, ha sido toda una experiencia gratificante su paso por Apoye. También ha sido una sorpresa. Asegura que con las obras de estos jóvenes “se borra cualquier discapacidad o cualquier límite”.

Yasmin Vallenilla, licenciada en educación, mención dificultad en aprendizaje también ve a los niños y jóvenes con síndrome de Down, más allá de la discapacidad que presentan.

“Me siento identificada con ellos, amo mi trabajo. No es más que un trabajo, es algo que hago con pasión. Cada día aprendo más cosas de ellos, y hay veces que uno llega con tristezas, y olvidas todo cuando compartes con ellos. Ellos no tienen rencor, ellos discuten y al rato se piden disculpas y son los mejores amigos, creo que eso es algo que no tenemos los regulares”, exclama.

Vallenilla, que tiene 8 años en Apoye, reconoce que la vocación y su trabajo en Apoye es lo que la sigue atando a Venezuela, a pesar de la crisis que también ha golpeado al ámbito de la educación especial.

“Muchos docentes se han retirado, mucha gente por el transporte se ven afectados. Hay representantes que nos buscan en donde vivimos. Los representantes colaboran y buscan de motivarnos dándonos un almuerzo o un desayuno a la semana. La vocación es lo que nos mantiene aquí porque el sueldo ya no alcanza. En todo el país estamos igual (…) La educación especial está viviendo la parte más difícil, no se consiguen especialistas y uno se pregunta: si yo me voy, ¿quién viene?”, agrega.

Los niños y jóvenes integrantes de Apoye, de los que al menos un grupo de 14 jóvenes ya laboran en Alfonso Rivas, Banesco, Beco y otras grandes compañías del país, también notan la crisis en el país.

“Algunos sí saben sobre la situación del país y dicen que todo está caro. Se molestan y dicen que por culpa del Presidente no comemos como antes, o no pueden ir al paseo, ir al cine o a las piscinas. Por la situación país ya no es lo mismo. Se ha perdido mucha esa calidad. Con ayuda de la psicóloga hacemos programas donde ella les va explicando, ellos dicen sus inquietudes y ella les explica de la mejor manera y lo entienden perfectamente. Se quejan de la situación de transporte o colas en los mercados, se molestan pero tratan de manejarlo de la mejor manera”, señala la joven maestra.

Tanto Yasmin Vallenilla como Juliana Cuervos y Marisela Ferrer coinciden en la necesidad de desarrollar más iniciativas como estas en la Venezuela de hoy. “La discapacidad tiene muchísimas aristas y hoy en día hay una crisis educativa muy intensa. Sabemos que lo mejor es la integración total, es lo que todos queremos, pero también sabemos como es nuestra sociedad. Debemos buscar la integración en los espacios donde ellos estén bien, hacer centros para que ellos aprendan, para que ellos adquieran independencia, todas las destrezas que necesitan para poder tener una vida saludable, independiente, un proyecto de vida para cumplirlo. En el interior del país, hay mucha carencia”, apunta Ferrer.

Cuervos expresa que se trata de buscarles la autonomía, la independencia, la integración social en todos los ámbitos de la sociedad. “No nada más la inserción laboral en una oficina, o en un restaurante, es también en el arte, en la danza, en el teatro en la pintura. Es ampliarse y entender que la sociedad tiene muchísimas aristas donde ellos pueden insertarse exitosamente”, acota.

Foto: Alfredo Coronas

Para Yasmin Vallenilla es importante también sensibilizar a la sociedad. “A veces salimos con ellos de paseo y una vez fuimos en la playa, una persona se estaba riendo porque una de las jóvenes estaba tratando de hacer la estrella. La gente lo que hace es burlarse, cree que son unos niños y que no pueden hacer nada. La gente que viene a hacer servicio comunitario se queda sorprendida al ver que leen, que hacen una suma, que hacen cualquier actividad. Ellos son igual que nosotros”, insiste.

Ferrer asegura que hasta ella misma ha sido sorprendida por la poca fe que se tiene en lo que pueden ser capaces los niños o jóvenes con síndrome de Down. Les envía un mensaje a los padres que se encuentran desesperados, tal como alguna vez ella también lo estuvo.

“Lo primero que les voy a decir es que nadie ha dicho que sea fácil. Fácil no es, pero posible sí es. Es posible absolutamente ocuparse de ellos y ayudarles a que tengan la oportunidad de desarrollar un proyecto de vida”, finaliza.

 

Fuente: http://www.venezuelaaldia.com/
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