¡Claro que Volverán!

Los compatriotas que ahora emigran no tuvieron la suerte de los que nos precedieron hace 60 años. Ellos, los que emigraron a Venezuela tiempo atrás, encontraron en esta tierra al sol que en su patria había dejado de calentarles, al cielo que se les había olvidado lo azul que era, las aguas cristalinas de un mar inexplicable, montañas tan verdes y boscosas que les poseía la imaginación con misterio y deseo. Esos emigrantes, los que vinieron a nuestra Venezuela hace 60 años, o aún más atrás, encontraron lo que en verdad buscaban, lo que necesitaban desesperadamente, y Venezuela, generosa, ilimitada, honesta y entregada, se los obsequió sin reservas. A ellos, nuestra tierra, nuestra patria, les regaló esperanza.

Encontraron un lienzo casi en blanco y recibieron a través de la mirada limpia y la sonrisa amplia del ser tropical una sincera invitación a trazar líneas en ese lienzo, a dibujarlas en unión a todos, para que juntos, como hermanos, los de acá y los recién llegados de allá, construyeran al país que terminarían por adoptar, con pasión y profundo arraigo, como a su propio país.

Ellos tuvieron más suerte que los nuestros, ellos emigraron a Venezuela. Los nuestros están llegando a maravillosos lugares, hermosas ciudades que les devolvieron la posibilidad de caminar inmersos en una sensación de seguridad que en su patria, un proyecto engendrado por el mal, les arrebató. Llegan a lugares en los que conseguir el alimento que desean o la medicina que necesitan es algo simplemente normal. Encontraron calles repletas de arte, de libertad, y en ocasiones de un gran respeto institucional por el ciudadano. Encuentran todo eso, pero descubren también que en realidad no hay lienzo que completar, si acaso encuentran un recóndito espacio, en algún caso extraño, de poner un punto que, sin embargo, resultará imperceptible en alguna esquina en esa tela que resulta inmensa. Nuestros emigrantes, además, no recibieron, salvo seguramente la respectiva honrosa excepción, mirada limpia alguna y menos sonrisas amplias y sinceras. Más veces de las que quisiéramos, nuestros emigrantes son objeto de recelo, de sospecha, y se convierten en aquel que hay que explotar, que sub-pagar y del que hay que aprovecharse.

¡Claro que volverán! Regresarán porque el lienzo que se llama Venezuela tiene cada día más grandes borrones que han causado espacios en blanco, que además están manchados, y hay que limpiarlos y volverlos a pintar. El bien se impondrá sobre el mal, es así, será así, y los venezolanos regresarán, y se traerán consigo a los pocos amigos que habrán hecho en los países a los que emigraron, porque acá harán falta todos y muchos más.

Será necesario trabajar 50 millones de hectáreas fértiles para la siembra y el agro, hay un país entero que necesita ser alimentado para que sus niños, llenos de energía, vayan a las escuelas que necesitan ser reconstruidas, las que ya existen, y construir las que hagan falta.

Será necesario recuperar las represas, los embalses, las tuberías y las estaciones de bombeo ya existentes y construir más instalaciones para garantizar a una población sedienta el acceso al agua potable. Y también habrá que reparar, fortalecer y añadir capacidad de generación y distribución de energía eléctrica a un país que aún con inmensas capacidades instaladas, está en tinieblas.

Será necesario reparar hospitales, dispensarios y construir nuevos para atender con manos sabias a un país cuyos ciudadanos se mueren de mengua.

Será también necesario reorganizar al estado, refundar sus poderes, restablecer la capacidad de generar justicia, regalarle al venezolano ultrajado la sagrada sensación de seguridad personal arrebatada.

Será necesario invertir en este país que lo necesita casi todo y que será campo fértil para quien tenga sueños represados de emprendimientos.

Claro que volverán los abogados que de repartidores de encomiendas podrán ser los jueces forjados con dolor y añoranza. Claro que regresarán los médicos que, de ser asistentes asistenciales, en el mejor de los casos, podrán ejercer su profesión curando las dolencias de un país entero. Claro que regresarán los ingenieros que de ser conductores de Uber pasarán a reconstruir a un país entero. Y claro que regresarán los capitales que reposan aburridos en fríos y egoístas fondos de inversión y que esperan un espacio donde realizarse plenamente al ser parte de un propósito superior.

Cómo no van a regresar a su tierra, cálida y fresca, azul y verde, cristalina y aguamarina, llena de conciertos en el aire y de trazos dibujados por las aves que llegan a nuestra ventana.

Volverán, muchos, muchísimos venezolanos volverán, porque nuestros compatriotas recuperarán en su tierra lo que allá, a donde fueron a parar habían perdido, recuperarán la esperanza.

José Antonio Perrella

 

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Fundación Cuatropés, “Proyectos para el País Porvenir”, se crea en diciembre de 2016 para promover procesos editoriales, propuestas, estudios, proyectos y documentos que contribuyan a definir al País Porvenir.

3 commentarios

  1. Morayma González Gilbert
    12 julio, 2018

    Muy bien expresado…volveremos a ser un país normal , y recuperado por todo el que quiera invertir en su reconstrucción.

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  2. Bernardo
    16 julio, 2018

    Todos necesitamos reandar nuestra historia para descifrar el presente y ubicarnos en un futuro de esperanza. Necesitamos a alguien que nos dibuje lo que queremos ser como país, para traducir nuestras esperanzas en una realidad presente aunque encubierta de una trágica y destructora realidad.

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  3. Beatriz Josefina Ruiz Marín
    16 julio, 2018

    Excelente artículo, muy conmovedor y realista.

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