La solución ante todo está en la contabilidad

Por José Antonio Perrella

Así de simple. Es un tema de reclasificación… y hasta que esta no se haga con los debidos soportes que la justifiquen, el país seguirá inmerso en un terrible conflicto económico, social y humanitario.

Hace algunos años, quizás hasta el 2010, las estructuras de costos de las empresas distribuían de manera muy diferente sus partidas contables. Un restaurante de comida rápida, por ejemplo, destinaba en promedio el 22% de sus ventas a la partida “recursos humanos”, incluyendo allí todos los costos, directos e indirectos, que tenían como beneficiarios a sus empleados. Hoy, difícilmente llegan al 5%. A donde se fue esa diferencia del 18%?: Al costo de ventas. Es decir, la compra de los insumos necesarios para fabricar sus productos y venderlos al público. De un histórico 45%, sobre las ventas en promedio, el costo de ventas aumentó al 75% en promedio en estos días. Otras partidas como gastos de localización, que incluyen alquileres y condominios, también cedieron espacio a favor de los costos de venta, y otros como servicios públicos, gastos de administración y honorarios profesionales también disminuyeron para alimentar la partida de costos. De cada 100 bolívares que ingresan en ese tipo de negocio, casi 80 son para el costo.

Lo mismo sucede con el resto de las empresas del país. En el sector de los contratistas de la construcción, por ejemplo, el cálculo histórico de antes, una cotización de obra era del 30% materiales de construcción, 30% mano de obra, 10% gastos de administración y otros, y 20% utilidad, y esto se convirtió, en estos días, en 5% (en el mejor de los casos) gastos por mano de obra, 5% por gastos de administración y otros, 10% utilidad y 80% materiales de construcción.

En todas las empresas del país la principal partida en ceder a favor de los costos de producción fue la nómina, los gastos del personal. Esa es la explicación más simple y evidente del porqué los venezolanos ya no podemos sobrevivir con nuestros sueldos, y de allí deriva uno de los elementos claves de la crisis humanitaria.

Al verificar que, sin embargo, el sector privado sigue siendo aún bajo estas circunstancias el “menos malo” de los pagadores de sueldos (el estado es sin dudas el peor pagador), vale la pena entender el porqué de esta lamentable distorsión.  Y la respuesta es, otra vez, extremadamente sencilla: estamos pagando dólares dos, tres y hasta cuatro veces su valor.

¿Como impacta esto en la redistribución de costos de estos tiempos?  Todos los elementos que impactan el costo de ventas de las empresas venezolanas tienen componentes importados. Y estos se cotizan a un cambio referencial que contiene inmensas cuotas de especulación proteccionista, es decir, el importador y la subsecuente cadena de distribución de esos insumos se “protege” calculando un cambio que le garantice la capacidad de reponer el inventario. En ese universo de proveedores hay quienes deciden vender hoy con un dólar calculado al doble de lo que les costó, y otros que quizás debido a la lentitud de la rotación de su inventario, o a su propia temeridad, decidan que la multiplicación por dos es insuficiente. Eso hace que los venezolanos estemos pagando por muchos de los productos que compramos un valor artificialmente alto.

El empresario, al poner los precios, se da cuenta que el mercado no responde, y de manera automática, para mantenerse con precios medianamente atractivos, modifica su estructura de costos bajando todos los costos que pueda bajar, entre ellos, obviamente, el de la nómina. Este es el drama.

¿Quién es el responsable de esta macabra desviación contable? Obviamente el único culpable, quien origina toda esta distorsión enferma, es el control de cambio, que, junto una política económica capaz de generar solamente desconfianza en todos los actores económicos del país, ha generado esta injusta redistribución de los costos en el balance de las empresas del país.

Cuando, en el país porvenir, la confianza genere estabilidad en un mercado libre de divisas, los venezolanos pagaremos el valor real de los productos que compremos, y las estructuras de costos recuperarán sus distribuciones razonables en donde el costo del recurso humano será de nuevo importante dándole, entonces, el poder adquisitivo que necesitamos todos para, a través de nuestro sueldo, volver a ser un ciudadano normal.

 

José Antonio Perrella

 

Fundación Cuatropés, “Proyectos para el País Porvenir”, se crea en diciembre de 2016 para promover procesos editoriales, propuestas, estudios, proyectos y documentos que contribuyan a definir al País Porvenir.

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