Los que le apuestan a quedarse en Venezuela

En el país hay quienes creen que no hay mal que dure cien años. Que la esperanza es lo último que debe perderse y, ante esto, todavía hay una cantidad importante de ciudadanos que se niegan a irse porque quieren surgir, establecerse y reconstruir, contra todo pronóstico, el país que los vio nacer.

Según cifras de la ONU, 2,3 millones de venezolanos viven en el extranjero, lo que se traduce en el 7,5 % de la población. Situación causada por la crisis económica e inseguridad que existe en el país vecino, pues de acuerdo con la firma estadounidense Gallup, los ciudadanos de ese país consideran que su nación es la más peligrosa del mundo, quedando por debajo de países en conflicto como Afganistán y Sudán del Sur.

La crisis venezolana es bastante conocida. La inflación para el mes de agosto fue de 223,1 %, según la Asamblea Nacional, y de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para finales de año será de 1’000.000 %. En Colombia la inflación del mismo mes, de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue de 0,12 %.

Y aunque la cifra de emigrantes venezolanos es alarmante y no para de incrementarse, en el país vecino, que tiene una población de casi 32 millones de habitantes, son muchos los que también se quedan, resisten y tratan de sobrellevar la crisis.

Varios de ellos son profesionales que han tenido la oportunidad de vivir fuera del país para realizar estudios universitarios y regresaron. Unos apuestan por sus propios emprendimientos, pues piensan que en la crisis es donde hay mayores oportunidades; y otros, a través de grupos sociales, trabajan en barrios populares realizando actividades culturales y deportivas.

Todos ellos tienen algo en común: no quieren abandonar a su familia, los pocos amigos que aún les quedan en Venezuela y, principalmente, intentan apostar por un país en el que, consideran, hay mucho por hacer. Estas son tres de las muchas historias de jóvenes que, teniendo la oportunidad de irse de su país, decidieron resistir la crisis que ha tenido la nación, según la firma Ecoanalítica.

“Quiero ser el protagonista del cambio”. Irving Briceño. 24 años.

“Mi realidad material no ha cambiado. Las más de 150 escaleras del barrio me saludan todos los días para llegar a mi casa (…) Pero no puedo esperar a que las cosas cambien en Venezuela para hacer algo. Hay que hacer algo para que las cosas cambien”, así comenzó la entrevista el comunicador social Irving Briceño Pérez, cofundador y director de conocimientos de una empresa social llamada 1001 Ideas Para Mi País.

Briceño es uno de los tantos jóvenes que todavía apuesta por Venezuela. Muchos pensarían que en el país vecino todos los muchachos están emigrando a lugares como Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Argentina, España y Estados Unidos, destinos predilectos de los venezolanos, en busca de un presente y un futuro mejores. Sin embargo, este no es el caso de Briceño ni de muchos otros.

El 4 de febrero de 2016, junto a Carlos Vargas y Rolando Antiveros, Briceño fundó esta empresa social que busca crear ecosistemas donde los jóvenes venezolanos puedan conocer, aprender y solucionar problemas públicos y sociales a través de la creatividad y la innovación.

Las actividades que ejecuta esta empresa social están relacionadas con la cultura, el deporte y la tecnología. Además, apoya emprendimientos de jóvenes que tengan contenido social.

“Hemos realizado campamentos en la playa donde nos llevamos a un grupo de muchachos para que aprendan sobre emprendimiento social e innovación y de esta manera se conviertan en agentes de cambio de las zonas donde viven. (…) Uno de los proyectos es Fempoder, que consiste en capacitar tecnológicamente a mujeres en situaciones de riesgo y/o pobreza para que desarrollen otros planes tecnológicos que tengan incidencia local”, explicó el comunicador. Además considera que los jóvenes venezolanos deben ser los protagonistas del cambio que quieren ver en su entorno. Un ejemplo de ello es la creación de Agrotesil, un proyecto de purificación de agua y agricultura. Otro es Tamos, que busca crear una plataforma para promover el turismo sostenible en Venezuela.

De acuerdo con el estudio de opinión de la empresa Consultores 21, realizado a finales de 2017, el 51 % de los jóvenes entre los 18 y 24 años querían emigrar de Venezuela. Sin embargo, hay muchachos que quieren trabajar por la reconstrucción de su país.

“Mi propósito de vida, es el servicio. Por ello, no quiero ni puedo irme. En este momento soy más útil aquí. Desde esta trinchera siento que contribuyo en cambiar realidades. (…) Creo que no todos podemos irnos, pues la pendiente que debemos enfrentar cada vez luce más inclinada. (…) Todos los días sueño y trabajo por construir una mejor Venezuela y sé que mi propósito de vida es el servicio”, insistió Briceño.

“Venezuela y la gente que sigue aquí nos necesita”. Joanna Rutenberg. 28 años.

“Lo más difícil de quedarse en Venezuela y con un restaurante como emprendimiento es cuando los proveedores dicen “no hay”, aumentan los precios, los empleados tienen necesidades grandes, como temas de salud, y no se pueden cubrir al momento. Todo esto me da fuerzas para despertar, ponerle corazón y trabajar para que en un futuro no muy corto solo tengamos cosas positivas”, dijo Joanna Rutenberg.

Esta joven venezolana estudió diseño gráfico en Barcelona, España, cuando tenía 19 años. En 2014 regresó a Venezuela y decidió emprender en un país donde la crisis económica, principalmente la escasez de alimentos, ya comenzaba a golpear.

Aquiles Hopkins, presidente de la organización de productores agrícolas del país petrolero, expresó en una entrevista para CNN que en Venezuela para el año 2007 se producía el 70 % de los alimentos que se consumían, justo el mismo año que el expresidente Hugo Chávez inició varias de las expropiaciones.

Hopkins aseguró que en la actualidad la producción nacional escasamente abastece el 30 % del consumo del país. La expropiación a empresas privadas, el monopolio del Estado en la distribución y comercialización de agroquímicos, semillas y fertilizantes llevó al país a esta situación. Además de los controles de precios que realiza el gobierno y el aumento de la importación. Situación que ha mermado en los últimos años, pues a Venezuela ya no entran las divisas suficientes para abastecer con productos importados a toda la población.

Misenplas, de acuerdo con Joanna Rutenberg, proviene del francés que significa toda la organización y preparación previa a la elaboración de los platos. Esto es lo que hace la joven diseñadora. Buscar la manera de reinventarse, intentando cambiar la realidad de Venezuela, desde su trinchera. “Nuestro país necesita planes diferentes y un espacio de esperanza entre tanta locura. Mis principales razones de quedarme apostando por Venezuela es su gente, el clima, las playas y, fundamentalmente, las ganas que tenemos todos de que seamos el país que tanto soñamos”, agregó.

Ante la crisis reconoce que no es fácil sobrellevarla, pero asegura que cuando se le presenta una nueva traba, como la falta de algún ingrediente, trata de darle la vuelta y “no darse mala vida”. Sin embargo, insiste en que seguirá poniendo sus ganas y su juventud para que Venezuela sea un lugar de espacios mágicos.

Rutenberg comenzó su marca como venta de pasabocas y rolls de sushi a domicilio. Lo que le permitió, cuatro años después, inaugurar Misenplas, restaurante que solo abre jueves y sábados. Pero continúa con sus servicios a domicilio y trabajando en eventos privados. “Aunque hemos cambiado, siempre he mantenido mi inspiración”, dijo.

“En las crisis unos lloran y otros venden pañuelos”. Stephany Velazco. 26 años.

Aroha es una marca de ropa venezolana con apenas tres años en el mercado. Comenzó como una iniciativa por amor a la moda de dos jóvenes caraqueñas, Stephany Velazco de 26 años, economista, y Sarah Goncalvez, licenciada en idiomas, de 25.

“En 2015 nos dimos cuenta de que había un nicho de mercado en Venezuela que era que no estábamos actualizados en cuanto a la moda internacional y por eso decidimos sacar Aroha, que significa amor en maurí, lengua que se habla en Nueva Zelanda”, dijo Velazco.

La joven economista asegura que aunque su país esté pasando por la peor crisis en mucho tiempo, es el lugar en el que nació y donde escogió comenzar su primera empresa. “La crisis económica fue y sigue siendo lo más complicado de emprender en mi país. Tuvimos que encontrar la manera de calcular nuestra estructura de costos utilizando una moneda estable y perdurable en el tiempo”.

En el país petrolero, desde 2003, existe un control cambiario que ha generado, como usualmente sucede en los países con esta medida económica, una tasa de cambio paralela. En la actualidad, y gracias a las constantes devaluaciones del bolívar, según Bloomberg News, la moneda venezolana ha perdido más del 99 % de su valor frente al dólar, lo que ha causado que un 26 % de la población, según la firma Datanálisis, sobreviva a la crisis porque se manejan con una moneda estable.

“Algo fácil de sentir en Venezuela es el desánimo. Los obstáculos y las barreras son más que las facilidades que puedas tener de emprender en este país. Pero ese sentimiento gracias a Dios ha pasado y seguimos trabajando. Nosotras pensamos que estas dificultades que tenemos ahora son las que nos toca atravesar para lograr el éxito y llegar a la excelencia. Vemos la situación como algo positivo para superarlo, aprender y seguir adelante”, insistió Velazco.

Asegura que su pasión y la de su socia y amiga es mostrar que en Venezuela hay mucho talento, que todavía queda gente luchando por sus sueños en un país con decenas de problemas y donde, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), el 87 % de la población, para el año 2017, se encuentra en pobreza de acuerdo con sus ingresos.

“Este emprendimiento es nuestro sueño -añade-, es lo que nos apasiona y sabemos que si seguimos aportando nuestro granito de arena en nuestro país, las personas no perderán la esperanza. Además, creemos que a Venezuela no la podemos abandonar (…), pues como dice el dicho: en las crisis unos lloran y otros venden pañuelos, nosotras nos consideramos las segundas”.

Stephany Velazco reconoce que para la mayoría de las mujeres venezolanas comprar ropa dejó de ser una prioridad, pero indica que ante la crisis la marca ha crecido. Insiste en que continuarán trabajando para lograr sus sueños en Venezuela, además de lograr la internacionalización. “Actualmente tenemos nuestro showroom en Caracas y unas piezas con tiendas aliadas del país. También nos encontramos en Medellín, en la tienda ID Store, como en otros establecimientos en Madrid y México”.

Fuente: https://www.elespectador.com/

Fundación Cuatropés, “Proyectos para el País Porvenir”, se crea en diciembre de 2016 para promover procesos editoriales, propuestas, estudios, proyectos y documentos que contribuyan a definir al País Porvenir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *